Héroe en los Orumos
Los sábados tienen un sonido característico
Es la brisa chocando sobre el techo viejo de asbesto
Una temperatura apacible que se desprende de las paredes de bahareque,
Un olor a café de greca hecho por Pancha
Y un rico pan de la avenida.
Los sábados en los que caminaba por los Orumos con mi pa están grabados en mi mente, bajo la sombra de cujies y un arroyo donde desemboca una gran quebrada los días de lluvias intensas.
¡Ay, qué sábados!, han pasado 20 años y son un tesoro en mi corazón. Me pregunto: ¿mi hijo tendrá ese tipo de recuerdos cuando yo no esté? ¿Qué dirá de mí?
¿Podrá apreciar cosas como las que yo veo? Me gustaría saber si le estoy enseñando cosas que lo hagan un buen hombre. Nuestros padres intentan enseñarnos cómo ser buenos hijos, y como hijos los retamos a ser buenos padres, aun cuando no tienen experiencia.
Luego creces y te das cuenta de todo lo bueno que hicieron, aun con sus carencias, sus heridas, sus dolores, sus traumas... sus sueños rotos.
Han pasado los años y me doy cuenta de que, en medio de tantas malas experiencias, siempre pude correr sobre espacios que hoy ya no existen y curiosamente, hoy entiendo su belleza.
Es la brisa chocando sobre el techo viejo de asbesto
Una temperatura apacible que se desprende de las paredes de bahareque,
Un olor a café de greca hecho por Pancha
Y un rico pan de la avenida.
Los sábados en los que caminaba por los Orumos con mi pa están grabados en mi mente, bajo la sombra de cujies y un arroyo donde desemboca una gran quebrada los días de lluvias intensas.
¡Ay, qué sábados!, han pasado 20 años y son un tesoro en mi corazón. Me pregunto: ¿mi hijo tendrá ese tipo de recuerdos cuando yo no esté? ¿Qué dirá de mí?
¿Podrá apreciar cosas como las que yo veo? Me gustaría saber si le estoy enseñando cosas que lo hagan un buen hombre. Nuestros padres intentan enseñarnos cómo ser buenos hijos, y como hijos los retamos a ser buenos padres, aun cuando no tienen experiencia.
Luego creces y te das cuenta de todo lo bueno que hicieron, aun con sus carencias, sus heridas, sus dolores, sus traumas... sus sueños rotos.
Han pasado los años y me doy cuenta de que, en medio de tantas malas experiencias, siempre pude correr sobre espacios que hoy ya no existen y curiosamente, hoy entiendo su belleza.


Hay personas que no tuvieron un padre tan presentes, y justo, leer esto es un recordatorio de cuan bueno son los padres y todo lo que ellos nos dejan en herencia.
ResponderEliminarMe gusta, especialmente, esa fragilidad de reconocer que ellos también tienen heridas y sueños rotos y es justamente allí en donde más los comprendes, cuando empiezas a transitar ahora el camino de ser un padre.
Gracias por publicar una vez más uno de tus textos, lo extrañaba de verdad.